Pero real.
El doctor Price también lo vio.
Se colocó detrás del mostrador y, en silencio, cogió el teléfono.
Maddox lo vio.
—No lo hagas —dijo.
El doctor Price hizo una pausa.
Volvió a sonreír, pero esta vez con dientes.
“Este perro es inestable. Esta mujer acaba de provocar una reacción agresiva. Puedo conseguir que cierren esta clínica mañana mismo.”
Kelly susurró: "Oh, Dios mío".
Rook se acercó más a mí.
Podía sentir los latidos de su corazón contra mi rodilla.
Deslicé mis dedos bajo su cuello.
Se estremeció.
No por mi tacto.
De lo que ocultaba el collar.
Lo sentí entonces.
Un golpe.
Duro.
Rectangular.
No es un microchip.
No es una etiqueta de seguimiento.
