—Mejor —respondió él—.
Así aprende lo que pasa cuando su madre intenta destruir una familia.
Un murmullo recorrió la sala.
El juez golpeó una vez con el mazo.
—Silencio.
Mi abogado Daniel se había quedado completamente quieto.
Tenía los ojos fijos en la pantalla, pero su mano buscó una carpeta sin apartar la mirada, como si acabara de encontrar el hilo que le faltaba.
En el video, mi voz sonaba cansada.
—No estoy destruyendo nada.
Solo quiero que Chloe esté tranquila.
Mark soltó una risa seca.
—Chloe va a estar con quien yo diga.
Luego hubo un golpe fuerte.
No se veía qué lo causó.
Tal vez una silla empujada, una mano contra la mesa, una caja lanzada al suelo.
Pero el sonido hizo que Chloe, en la sala del tribunal, se encogiera como si estuviera otra vez en esa cocina.
Yo también me encogí.
Porque recordé.
Recordé haber mirado hacia el pasillo y haber visto la puerta del cuarto de Chloe apenas abierta.
Recordé cerrar la mía por dentro esa noche y llorar en silencio dentro del baño para que ella no me oyera.
Pero ella sí había oído.
Y había hecho algo que yo jamás imaginé.
