Entonces suspiró.
- Es una pena.
Es una pena.
Pulsó un botón del mando a distancia.
Saltó una alarma en el edificio.
- ¿Qué hiciste?
- Si no puedo transmitir la herencia, la destruiré.
El suelo comenzó a temblar.
En algún lugar profundo bajo el observatorio, un mecanismo comenzó a funcionar.
Siena fue la primera en darse cuenta.
- Explosivos.
El arquitecto asintió.
— Todo el edificio está minado.
- Estás loco.
- Tal vez.
Corrieron hacia la salida.
Pero las puertas ya estaban cerradas con llave.
La cuenta atrás ha comenzado.
Diez minutos.
Nueve.
Ocho.
El arquitecto permanecía de pie, con serenidad, en medio del salón.
Como el capitán de un barco que se hunde.
—¿Por qué? —gritó Siena.
La miró con una tristeza inesperada.
— Porque hay gente que no puede vivir sin sus imperios.
Los minutos siguientes se convirtieron en un caos.
Busca una salida.
Pasillos.
Puertas cerradas con llave.
Sirenas.
Luces rojas.
Y por último, el antiguo túnel de emergencia.
Lograron escapar unos segundos antes de la explosión.
La noche estalló en una luz cegadora.
El observatorio ha desaparecido.
Junto con el arquitecto.
O eso parecía.
Ha pasado un año.
Luego otro.
El mundo poco a poco olvidó esta historia.
Los documentos del arquitecto fueron destruidos.
Su red se desmoronó.
Los seguidores desaparecieron.
El peligro ha pasado.
Al menos eso era lo que se creía.
Una tarde de invierno, Sienna recibió un paquete.
Sin dirección del remitente.
Dentro había una pieza de ajedrez.
Rey negro.
Y una nota.
Solo una línea.
"El juego solo termina para los que pierden."
Sienna se quedó mirando las palabras durante un buen rato.
Luego le dio la vuelta a la tarjeta.
En la parte posterior había un símbolo representado.
El mismo símbolo que el Arquitecto llevaba en su anillo.
Un símbolo de un hombre que murió hace dos años.
O la persona que quería que todos pensaran eso.
Fuera de la ventana, la nieve caía lentamente.
Y en algún lugar lejano, un observador desconocido ya estaba preparando el siguiente movimiento.
Porque los secretos más peligrosos nunca mueren.
Simplemente están esperando el momento oportuno.
