La residencia donde vivían —una modesta casa adosada en un barrio de clase media— se había convertido en una fortaleza de negación donde Linda se convencía de que cada incidente era una excepción, cada arresto un error que la terapia y el cariño maternal acabarían corrigiendo. Los planes que había trazado para el futuro de Marcus incluían becas universitarias, éxito profesional y la vida familiar estable que tanto se había esforzado por brindarle.
Su labor de coordinación como voluntaria en la organización comunitaria local le había enseñado el valor de la perseverancia y la paciencia, cualidades que aplicó incansablemente a su relación con Marcus. Cuando los vecinos empezaron a evitarla en el supermercado, cuando los padres dejaron de invitar a Marcus a las fiestas de cumpleaños, cuando las llamadas de la orientadora escolar se volvieron más frecuentes y urgentes, Linda respondió redoblando sus esfuerzos para proteger a su hijo de lo que ella consideraba un mundo hostil que no comprendía su potencial.
La fundación benéfica a la que donaba tiempo y dinero se centraba en apoyar a jóvenes en situación de riesgo, y Linda se entregó a esta labor con la energía desesperada de quien intenta demostrar que los adolescentes con problemas pueden salvarse mediante la intervención adecuada y un apoyo incondicional. Cada historia de éxito que presenciaba reforzaba su convicción de que Marcus solo necesitaba más tiempo, más comprensión y más amor.
La reflexión corporativa
El puesto de Linda como coordinadora de investigación en Morrison Pharmaceuticals le había brindado una perspectiva valiosa sobre los enfoques sistemáticos utilizados para desarrollar tratamientos para trastornos del comportamiento en adolescentes. La inversión de la compañía en investigación sobre salud mental pediátrica reflejaba el creciente reconocimiento de que la intervención temprana podría prevenir el tipo de comportamiento antisocial cada vez más grave que Marcus estaba manifestando.
Su trabajo en ensayos clínicos de tratamientos experimentales para abordar los trastornos de conducta y el trastorno negativista desafiante infundió la esperanza de que la ciencia pudiera ofrecer soluciones allí donde la crianza tradicional había fracasado. El centro médico donde se realizaron estos ensayos estaba especializado en psiquiatría adolescente, y Linda había conseguido acceso prioritario a los enfoques terapéuticos más innovadores disponibles.
