El entorno del sueño también influye.
Una habitación que se vuelve demasiado cálida o demasiado fría, luces que entran desde la calle o incluso el movimiento de una pareja pueden interrumpir el descanso.
A medida que el cerebro entra en fases más ligeras, se vuelve más sensible a estas interrupciones.
Algunas personas relacionan despertarse a las 3 o 4 a. m. con creencias espirituales o culturales,
llamándolo a veces una “hora especial” de consciencia o transformación.
Aunque estas interpretaciones pueden ser significativas a nivel personal, la ciencia médica se centra más en causas físicas y psicológicas que en explicaciones místicas.
