¿verdad?
Pero las semanas se volvieron meses.
Y los meses…
años.
Sin llamadas.
Sin cartas.
Sin cumpleaños.
Nada.
Poco a poco se convirtieron en mis hijas
Yo era quien preparaba los almuerzos.
Quien peinaba el cabello antes de la escuela.
Quien se quedaba despierta durante las fiebres.
Quien abrazaba después de las pesadillas.
Las acompañé:
- en graduaciones
- primeros amores
- lágrimas
- éxitos
- fracasos
En algún momento dejaron de ser “las hijas de mi hermano”.
Se volvieron mías.
Las heridas que nunca desaparecieron
