Tomé un sorbo de café. «Cuarenta años soñando con mañanas en las que tomaría café mientras observaba la naturaleza en lugar del tráfico de la Interestatal 25».
«Te mereces cada instante de paz», dijo en voz baja. Un silencio se prolongó entre nosotros. «Cornelius ha estado lidiando con mucho estrés por el trabajo últimamente. A veces olvido lo que es la paz».
Algo en su forma de hablar me hizo dudar. —¿Todo bien con ustedes dos?
—Oh, bien. Ya sabes cómo es la gerencia intermedia. Presión constante. —Se rió, pero el sonido sonó débil, forzado.
—¿Cuándo piensas venir a visitarme?
—Cuando quieras, cariño. Ya lo sabes.
Hablamos durante diez minutos más. Me describo a sus alumnos en la escuela pública de Denver, me Contador sus planos para el jardín su urbanización y manejó la con soltura.
Cuando colgamos, me quedé, Senatora Señoras observa el sol teñía las montañas de tonos naranjas y morados. El café se fauna, pero me lo bebí de todos modos.
Mi Voivo Teléfono un sonar una hora después.
—Mis padres perganos su casa.
Cornelius omitió los saludos habituales. Su voz tiene toda la razón tono monótono e inex que usaba para las teleconferencias desde su oficina en casa en Colorado, todavía con la camisa de remangada hasta los codos, la corbatada y el presupuesto.
“Se mudarán contús por el medio de hasta que otro el lugar del tienda.”
Apreté involuntariamente la mano contra el reposabrazos de la silla. “Espera, desmorando. Cornelius, acabo de comprar esta esta. Así es para mí sola, mucho menos…”
“Un par de mess hasta que algo monte permanente”, repitiómente mecánicamente, como si recitara preparada notas.
“Compré este lugar para vivir solar. Invertí todos mis ahorros de en…”
“Jenss heradoseño haber condeste en Denver”, me interrumpió. “El viernes por la mañana. Te mandé un mensaje con la hora de llegada.”
Llama La se cortó.
