Me bajé en mi parada.
Lo que hice con el video
Me quedé sentada sobre ella durante cuatro días.
La volví a ver dos veces. Se veía mejor de lo que esperaba. La voz de Gerald, la risa, Shirley en el suelo, todo. Era de esas cosas que se viralizarían enseguida si las publicara. Sé cómo funciona eso. Lo he visto pasar.
Al cuarto día publiqué una versión. No la versión completa. La recorté para que empezara con Shirley sentándose y terminara antes de que Gerald regresara. Escribí un pie de foto sin mencionar nombres.
No sé si eso fue correcto. Todavía no estoy seguro.
Lo que no dejo de pensar es en Darnell sosteniendo esa fotografía durante cuarenta y cinco minutos en un autobús urbano. No porque alguien se lo pidiera. No porque nadie lo estuviera mirando. Simplemente la sostenía.
Y Shirley, de setenta años, sentada en el suelo de un autobús con un abrigo gris, porque hay cosas que no se pueden dejar pasar. No porque vaya a solucionar nada. No porque Gerald vaya a cambiar definitivamente. Simplemente porque lo viste suceder, estuviste allí y tuviste que dejar tu cuerpo en algún sitio.
Tomo el tren de las 7:15 todas las mañanas.
No he vuelto a ver a ninguno de ellos.
Pero desde entonces presto atención de otra manera. A quién aparta la mirada. A quién no. A lo que cuesta, en ambos casos.
