Esa frase me lo dijo todo.
Ella no había muerto simplemente.
Alguien lo había provocado.
Agarre la carpeta roja, aparté la madera y me arrastré a través de la valla. El alambre me rasgó la blusa, pero seguí adelante.
Detrás de mí, alguien golpeó la puerta de la unidad.
Corrí entre malas hierbas por un camino de drenaje hasta llegar a la carretera de servicio cerca de la autopista.
Entonces mi teléfono volvió a vibrar.
Dos mensajes más desde el número de mi madre.
*Ve a Daniel Brooks. Oficina del Registrador del Condado. No confíes en nadie más.*
Un minuto después:
*Y Emily, si Hale te encuentra primero, quema todo.*
**PARTE 3**
Daniel Brooks parecía la última persona que podría cambiarlo todo.
Estaba sentado detrás de un escritorio gubernamental sencillo en la Oficina del Registrador del Condado, con las mangas arremangadas y una corbata manchada de café.
Pero en cuanto entré, se puso de pie.
—Emily Carter —dijo.
No era una pregunta.
—Mi madre le envió —respondí.
—Dijo que podrías venir.
Me entregó otro sobre sellado con la letra de mi madre.
Dentro había una carta fechada tres semanas antes de su supuesta muerte.
Mi madre lo explicaba todo.
