Troy se llevó una mano al corazón.
“Esa es una reseña muy generosa.”
Durante un tiempo, pensé que solo era un tierno juego entre padre e hija. Quizás a Ava le encantaban las princesas. Quizás Troy era simplemente uno de esos padres excepcionales a los que no les importaba lo que pensara la gente.
Entonces comencé a fijarme en pequeñas cosas.
Las piernas de Ava solían estar metidas debajo de una manta.
Algunos días, Troy la subía al carro en lugar de dejarla subir por sí sola.
A veces su risa era más suave.
Y de vez en cuando, cuando ella apartaba la mirada, la sonrisa de Troy desaparecía por un instante antes de que él la recuperara a la fuerza.
La verdad detrás de las botas rosas
Un sábado, Ava se quedó dormida antes de que llegaran a mi caja.
Troy llevaba una corona, botas rosas y una capa hecha con una sábana vieja cubierta de corazones dibujados a mano. En el cinturón, colocó puré de manzana, medicinas, calcetines suaves y un paquete de pegatinas.
Observé en silencio.
Entonces dije: "Le encanta vestirte".
Su mano se detuvo un instante sobre el lector de tarjetas.
Por un momento, pensé que había dicho algo inapropiado.
Luego bajó la mirada hacia Ava.
—Los médicos dicen que sus músculos tienen problemas para obedecer a su cerebro —dijo en voz baja—. Hay días mejores que otros. Seguimos buscando respuestas.
Se me hizo un nudo en la garganta.
Él no le quitaba los ojos de encima.
“Le prometí que la haría reír todos los días”, dijo. “Incluso en los días en que reír requiere demasiada energía”.
No supe encontrar las palabras perfectas.
Así que dije lo único que me parecía cierto.
