Benedita, la luchadora de Vassouras

Torneo del Barón de Araújo

Joaquim explicó entonces la oportunidad que podía cambiarlo todo. El barón tenía una hija, Eduarda, de veintidós años. A diferencia de otras mujeres de su comunidad, a ella le encantaba montar a caballo, cazar, pelear y apostar.

Cada año, ella organizaba un torneo en la propiedad de su padre. Luchadores de toda la región venían a competir: boxeo, lucha libre y otras formas de combate. El ganador se llevaba 100 contos de reis.

Esta suma bastaría para pagar la deuda de Joaquim, restituir la quinta y permitirle conservarla durante años.

Pero Joaquim no sabía pelear. Era viejo, estaba debilitado y no tenía mucha suerte.

Luego le dijo a Benedita lo que había visto en ella: no una mujer inútil, sino una luchadora. Una fuerza que nadie había podido comprender, porque nadie le había dado jamás la oportunidad de usarla.

Su oferta fue clara: la entrenaría en secreto para el torneo. Si ganaba, compartiría el premio con ella. La mitad sería para él, o sea, 50 contos, suficiente para pagar el franqueo y empezar de nuevo en otro lugar.

Benedita preguntó qué pasaría si perdía.

Joaquim respondió que perderían juntos. Él perdería la quinta. Podría revenderse. Pero al menos lo habrían intentado.

Ella no confiaba en él. Aun así, no tenía muchas otras opciones. Algo en la voz de Joaquim, un cansancio sincero y un dolor reconocible, le hizo pensar que tal vez decía la verdad.

Ella aceptó, con una simple amenaza:

“Yo lucho. Pero si me traicionas, te mataré.”

El entrenamiento secreto de Benedita