Una decisión que cambió nuestras vidas
Renuncié a mi trabajo para dedicarme por completo al proceso de adopción.
Cuando se lo conté, Javier me abrazó con una intensidad que me sorprendió.
Durante meses completamos formularios, asistimos a entrevistas y acondicionamos la casa.
Entonces aparecieron ellos.
Dos pequeños gemelos de cuatro años llamados Mateo y Nicolás.
Cuando vimos sus fotografías, Javier sonrió de inmediato.
—Son perfectos.
Yo no vi perfección.
Vi miedo.
Vi dos niños que habían pasado por demasiado para su corta edad.
Y eso me hizo querer ayudarlos aún más.
La llegada de Mateo y Nicolás
La primera vez que conocimos a los niños fue imposible no emocionarse.
Javier se agachó frente a Mateo y le mostró una calcomanía de dinosaurio.
—¿Te gustan los dinosaurios?
Mateo asintió en silencio.
Nicolás explicó:
—Él habla poco. Yo hablo por los dos.
Aquella respuesta nos hizo sonreír.
Poco a poco comenzamos a ganarnos su confianza.
Cuando finalmente llegaron a nuestra casa, todo cambió.
