Pagó el camión de una anciana con sus últimos 50 pesos… sin saber que era millonaria.

Parte 2: Al amanecer, Carmen ya estaba vestida para ir a trabajar, aunque cada movimiento le arrancaba una mueca. Lucía partía una bolillo duro en 2 mitades y dejaba la más grande en el plato de su madre.
Mercedes, que había dormido en el sillón, la observó en silencio. Nunca en su vida había pasado una noche en un departamento tan pequeño, pero tampoco recordaba haber estado en un lugar donde la poca comida se repartiera con tanto cuidado. —Usted no va a trabajar hoy —dijo Mercedes.
Carmen soltó una risa nerviosa. —Se nota que usted no vive en mi mundo. Si no voy, me corren. Si me corren, nos echan.
—Su espalda no aguanta más.
—Mi hija tampoco aguanta quedarse en la calle.
La respuesta fue tan directa que Mercedes bajó la mirada. Luego pidió usar el teléfono fijo.
Marcó un número de memoria. —Roberto, soy yo.
Del otro lado se escuchó una voz alterada. Mercedes cerró los ojos. —Estoy bien. No mandes policías. Estoy en Iztapalapa, calle Naranjo, edificio 18, departamento 4-B.
Carmen y Lucía se quedaron heladas. —Trae el coche. Y llama al doctor Rivera. También necesito a Natalia de jurídico. No, no después. Ahora.
Colgó. Lucía fue la primera en hablar. —¿Quién es Roberto?
—Alguien que cree que todavía puede mandarme.
Carmen retrocedió un paso. —Doña Mercedes, no quiero problemas. Ya tengo suficientes.
—Entonces deme 20 minutos para empezar a quitárselos.
Carmen quiso irse, pero algo en la voz de aquella mujer la detuvo. Esperaron en una tensión insoportable. A los 20 minutos, la calle se llenó de murmullos. Vecinos salieron a los balcones. Un convoy de camionetas negras se detuvo frente al edificio.
Lucía pegó la cara al vidrio. —Mamá… hay muchos señores de traje abajo.
Carmen sintió que se le aflojaban las piernas.
Tres golpes sonaron en la puerta. Esta vez no eran violentos. Eran firmes, respetuosos.
Lucía abrió.
Un hombre alto, impecable, con auricular y traje oscuro, bajó la cabeza al ver a Mercedes.
—Señora Salgado. Su hijo está volando desde Monterrey. La junta entró en pánico. Llevamos 14 horas buscándola.
Carmen se cubrió la boca. —¿Salgado? ¿Como Grupo Salgado?