Todos pensaban que estaba muerto.
Pero ahora existen pruebas de lo contrario.
Alguien descubrió un archivo secreto.
Documentos.
Grabaciones.
Testigos.
Y lo más importante, el paradero del propio Víctor.
Hombre fantasma.
Un hombre que desapareció tras una serie de misteriosos asesinatos.
A la mañana siguiente, Elara desapareció.
Sin dar ninguna explicación.
Sin dejar mensajes.
Solo una letra.
Para Julian.
Solo tenía unas pocas líneas.
"Si no regreso en cuarenta y ocho horas, entreguen el archivo a la Interpol."
No intentes buscarme.
"Elara".
Pasó un día.
Luego los segundos.
Tercero.
Sin novedades.
El teléfono no contestaba.
Los canales vía satélite estaban en silencio.
La gente de Aurora ha desaparecido.
Era como si se hubieran disuelto.
Y entonces ocurrió lo increíble.
Miles de documentos secretos se filtraron a los medios de comunicación de todo el mundo al mismo tiempo.
Cuentas bancarias.
Esquemas de corrupción.
Conspiraciones políticas.
Asesinatos.
Chantaje.
Los datos abarcaban veinte países.
Comenzaron los arrestos.
Escándalos.
Renuncias.
Colapso de corporaciones.
Y en el centro de todo había un nombre.
Víctor Negro.
Pero Victor no aparecía por ninguna parte.
Nadie.
Ni rastro.
Nada.
Solo un vídeo.
La grabación duró veinte segundos.
En ella, Víctor estaba sentado en una habitación oscura.
Miró directamente a la cámara.
Y él dijo:
- Si estás viendo este vídeo, significa que por fin me ha encontrado.
Entonces terminó la grabación.
Para siempre.
Ha pasado un mes.
El mundo se fue calmando poco a poco.
Pero Elara no regresó.
Ni siquiera sus asistentes más cercanos sabían nada.
Por primera vez en su vida, Julian comprendió el precio de la soledad.
La mansión parecía vacía.
Cada habitación me recordaba a ella.
