Calma.
Un hombre conocido en todo el hospital por no perder nunca el control, ni siquiera en las peores situaciones de emergencia.
Calma.
Un hombre conocido en todo el hospital por no perder nunca el control, ni siquiera en las peores situaciones de emergencia.
Bajó la mirada hacia la historia clínica de Joanna.
Luego miró al bebé.
Y se congeló.
Se le fue el color de la cara.
Parecía que se le había detenido la respiración.
Su mano comenzó a temblar.
La habitación quedó en silencio.
Entonces, delante de todos, las lágrimas le llenaron los ojos.
El médico, que durante décadas había mantenido la compostura bajo presión, de repente parecía completamente destrozado.
Porque en el instante en que vio a aquel niño recién nacido, reconoció algo.
Algo imposible.
Algo relacionado con un doloroso episodio de su pasado que había intentado enterrar durante años.