La foto mostraba su perfil, su pequeña nariz y su diminuta mano cerca de su rostro.
Me quedé junto a la puerta casi un minuto, apretando el sobre contra mi pecho e imaginando la expresión en el rostro de Julien cuando le diera la noticia.
Entonces oí risas.
No es una risa familiar.
Y esa risa que siempre tiene una víctima.
La mujer que nos ayudaba en casa estaba llorando en el pasillo. Miró mi maleta, luego mi estómago, y aun así no pudo decir nada.
Así que abrí la puerta yo mismo.
Los familiares de Julien estaban dentro.
Sus amigos.
Su amante.
Mis cosas están cerca de la salida.
Todavía tengo en mi poder los documentos médicos.
—¿Adónde debo ir ahora? —pregunté.
Inés se encogió de hombros.
—¿Es este nuestro problema?
Julien cerró los ojos.
- Inés...
—¿Qué? —Fingió la inocencia que suele ocultar el veneno—. Preguntó.
Anna colocó el vaso sobre la consola.
"Camilla tiene su propio dinero. Puede manejarlo."
Sonreí levemente porque ella no tenía ni idea de lo cerca que estaba del abismo.
—Tienes razón —dije—. Tengo mi propio dinero.
Los ojos de Julien se entrecerraron.
Y por primera vez esa noche, la sonrisa de Inés desapareció.
PARTE 2
