Todos lo sabían.
Albert Morel era el notario de la familia.
Una persona respetada.
Quien fue enterrado hace casi un año.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
- Papá…
Me miró.
- Camilla, este documento se emitió tres meses después de su muerte.
Se oyó una risa asustada en la habitación.
Nadie lo creyó.
Sonaba imposible.
Pero el papel estaba justo delante de nosotros.
Real.
Con sellos.
Con números de registro.
Con la firma de una persona fallecida.
Y entonces Inés dijo en voz baja:
- No entiendo nada...
Sin embargo, su rostro mostraba otra cosa.
Ella sabía algo.
Solo un poquito.
Pero ella lo sabía.
Julien se giró hacia ella tan bruscamente que ella se estremeció.
Y fue este movimiento el que todos notaron.
Absolutamente todo.
Nicolás fue el primero en comprender.
- Esperar.
Se puso de pie lentamente.
—¿Tiene ella algo que ver con esto?
Inés palideció.
- No.
—Estás mintiendo.
Ella abrió la boca.
Lo cerré.
Ella miró hacia la puerta.
En las ventanas.
Hacia las escaleras.
Como si estuviera buscando una vía de escape.
Y en ese momento lo entendí.
La verdadera historia apenas comenzaba.
Porque la traición era solo la punta del iceberg.
Debajo se escondía algo mucho más peligroso.
Algo para lo cual alguien usó el nombre de la persona fallecida.
Documentos falsificados.
Ocultó la verdad durante casi un año.
Y ahora este secreto ha salido a la luz.
En pleno centro de una cena familiar.
Justo antes de que naciera mi hija.
Pero lo más terrible fue otra cosa.
Al revisar el documento nuevamente, noté un pequeño detalle en la parte inferior de la página.
Una marca de lápiz apenas perceptible.
Tres letras.
"LM".
No sabía a qué se referían.
Pero mi padre lo sabía.
Porque al instante siguiente se puso tan pálido como Julien.
