Solo dejé una nota sobre la mesa.
«Necesito tiempo. No me llames.»
Descubriendo el secreto completo
Al día siguiente encontré los documentos médicos que había escondido.
Diagnóstico.
Estudios.
Informes.
Linfoma.
Con las manos temblando llamé al médico.
—Soy Ana, la esposa de Javier. ¿Existe alguna posibilidad?
La respuesta me devolvió un poco de esperanza.
—Hay un tratamiento experimental. Es costoso y arriesgado, pero existe una posibilidad.
No dudé.
—Inscríbanlo.
