La confrontación
Volví a casa la noche siguiente.
Javier estaba sentado en la cocina.
Parecía completamente derrotado.
—Ana…
—Me hiciste dejar mi trabajo.
Bajó la mirada.
—Quería asegurarme de que tuvieras una familia cuando yo ya no estuviera.
Negué con la cabeza.
—No. Querías controlar lo que ocurriría después de tu muerte.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
—Pensé que te estaba protegiendo.
—No me estabas protegiendo. Te estabas protegiendo a ti mismo.
No pudo discutirlo.
Entonces le dije algo que necesitaba escuchar.
—Mateo y Nicolás necesitan a su padre. Y si nos queda tiempo, vamos a vivirlo con la verdad.
La lucha por la vida
Al día siguiente contamos todo a nuestras familias.
Fue devastador.
Pero también liberador.
Comenzaron las consultas.
Los tratamientos.
Las hospitalizaciones.
Los medicamentos.
