—¿Qué es?
—Hace varios meses me habló de un proyecto muy importante para ella.
Me pidió que, si algún día ocurría lo que temía, le entregara esta llave junto con la carta.
Sentí un escalofrío.
—¿Y usted aceptó?
—Porque vi cuánto significaba para ella. Me aseguró que algún día usted entendería.
Un lugar que jamás habría imaginado
La dirección me llevó a una zona comercial tranquila de la ciudad.
El depósito se encontraba entre una lavandería y un local abandonado.
Había pasado frente a ese lugar decenas de veces sin prestarle atención.
Cuando introduje la llave en la cerradura y levanté la persiana metálica, mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Al principio creí que el lugar estaba vacío.
Luego mis ojos se acostumbraron a la penumbra.
Y entonces las vi.
Había varias cajas cuidadosamente apiladas al fondo.
Todas tenían algo escrito.
Mi nombre.
Cada una de ellas llevaba una etiqueta con mi nombre.
Sentí que las piernas me fallaban.
Me acerqué lentamente.
Abrí la primera caja.
Y mi mundo volvió a detenerse.
Las cartas
Dentro había decenas de sobres.
Cada uno tenía una etiqueta diferente.
«Abrir cuando no puedas levantarte de la cama.»
«Abrir el día de tu cumpleaños.»
«Abrir cuando tengas miedo de olvidar mi voz.»
«Abrir cuando estés enojada conmigo.»
Las lágrimas comenzaron a nublar mi visión.
Sobre los sobres había un pequeño grabador digital.
Lo tomé con cuidado.
Mis manos temblaban tanto que casi se me cayó.
Presioné reproducir.
Y escuché su voz.
—Hola, mamá…
Mi respiración se quebró.
Era ella.
La misma voz que habría dado cualquier cosa por volver a escuchar.
—Si estás escuchando esto, significa que no pude quedarme tanto tiempo como queríamos…
Me senté sobre el frío piso de cemento.
Y lloré.
Lloré como no había llorado desde el día de su partida.
La única persona a la que podía llamar
No sé cuánto tiempo permanecí allí.
Solo recuerdo que en algún momento comprendí que no podía enfrentar aquello sola.
Tomé el teléfono.
Y llamé a mi hermana Sofía.
—Sofi… necesito que vengas.
—¿Qué pasó?
—Encontré algo que Valentina preparó.
Hubo apenas un segundo de silencio.
—Voy para allá.
Llegó pocos minutos después.
Al entrar al depósito se quedó inmóvil.
Sus ojos recorrieron las cajas.
Luego me abrazó con fuerza.
—Vamos a pasar por esto juntas.
Todo lo que había preparado
La segunda caja estaba identificada como:
«Planes para cuidarte»
