Mi hijo se estaba muriendo y necesitaba mi riñón. Mi nuera espetó: "¡Es tu obligación, eres su madre!".

 

El Dr. Patel entró con una coordinadora de trasplantes y un administrador del hospital. No hablaron en tonos dramáticos. Usaron frases cuidadosas: «revisión médica», «consentimiento informado», «divulgación del paciente», «informe obligatorio», «preocupaciones por la seguridad del niño».

El significado subyacente era simple.

Daniel había mentido.

Los registros del hospital mostraban que Daniel había descrito su insuficiencia renal como el resultado de una rara enfermedad autoinmune agravada por la presión arterial alta. Pero su historial de laboratorio sugería daño tóxico repetido. Nuevas pruebas, realizadas tras la declaración de Ethan, plantearon preocupaciones adicionales. Había signos de consumo oculto de drogas, mal uso de esteroides y abuso de suplementos. Nada de eso significaba que Daniel no pudiera recibir tratamiento, pero cada una de esas cosas era importante para la aprobación del trasplante.

Un riñón donado podía fallar rápidamente si el receptor continuaba con los mismos hábitos.

Margaret escuchó sin interrumpir.

Finalmente, el Dr. Patel se sentó frente a ella.

—Sra. Collins, quiero ser claro. Usted tiene el derecho absoluto a negarse a donar en cualquier momento. Incluso si no hubiera habido nueva información, podría detener el proceso. Nadie tiene derecho a su riñón.

Margaret asintió, pero su mirada se dirigió a Ethan.

—¿Qué pasa con él? —preguntó.

Linda, la trabajadora social, se inclinó hacia ella.
—Debido a que Ethan reveló amenazas y posible negligencia, se ha contactado a los Servicios de Protección Infantil. Tendremos que hablar más con él. También necesitaremos evaluar si tiene un lugar seguro donde quedarse esta noche.

El rostro de Ethan se tensó.