Lucía bajó el sobre lentamente.
En ese momento, Valeria salió con un vaso de agua en ambas manos. Caminó hasta Lucía y se lo ofreció con una seriedad que partía el alma.
—Hace calor —dijo la niña.
Lucía tomó el vaso.
—Gracias.
Mateo miró a su hija, luego a la mujer que cargaba el apellido que le había quitado casi todo.
—Siéntate en el escalón —dijo al fin—. No entres a mi casa. Pero habla.
Durante la siguiente hora, Lucía contó lo que sabía. Mateo escuchó sin interrumpir. Valeria se quedó sentada junto a la puerta, fingiendo hacer tarea.
Cuando Lucía terminó, Mateo no aceptó nada. No firmó nada. No prometió nada.
Solo dijo:
—Si vuelves mañana, ven sin abogados.
Lucía asintió.
Pero al tercer día, antes de que ella llegara, Mateo recibió una carta.
Venía de una supuesta firma de cobranza: Recuperaciones del Centro.
Decía que Mateo Salgado debía pagar 280,000 pesos por “gastos administrativos” derivados de la investigación del Viaducto San Gabriel. Si no pagaba en 30 días, iniciarían embargo sobre su casa.
Mateo leyó la carta sentado en la mesa de la cocina mientras Valeria desayunaba pan dulce.
No dijo nada.
Pero sus manos temblaban.
PARTE 2
Lucía llegó esa tarde y encontró a Mateo esperándola en la banqueta.
Ya no tenía la jerga en la mano. Tenía la carta doblada en 4 partes.
—Esto llegó hoy —dijo, entregándosela.
Lucía la leyó de pie junto al Mercedes. Su rostro perdió color.
—Esto es falso.
—Claro que es falso.
—No existe ninguna deuda administrativa. Yo revisé todo el expediente.
—No la mandaron para cobrar —dijo Mateo—. La mandaron para recordarme que saben dónde vivimos.
Lucía levantó la mirada.
Por primera vez, Mateo vio miedo real en ella. No por sí misma. Por la niña que se asomaba desde la ventana.
—Voy a destruir esto con una llamada —dijo Lucía.
—No.
—Mateo, si intentan embargar tu casa…
—No vas a salvar mi casa con dinero Cárdenas.
