El secreto de la mansión destruyó la mentira de toda la familia.

 

Porque él lo sabía.

Él siempre lo supo.

Anna miró a su hijo con los ojos muy abiertos.

- Dijiste que la casa te pertenece.

No respondió.

Nicolás se rió.

Nerviosamente.

Con desconfianza.

- Esperar…

Miró a su hermano.

— ¿Echaste a la casa del dueño de tu propia casa?

Uno de los invitados resopló.

Luego otra persona.

La tensión comenzó a cambiar.

Por primera vez esta noche.

Julien lo sintió.

Y su rostro se puso gris.

Pero eso fue solo el principio.

Porque mi padre aún no ha terminado.

Cerró la carpeta lentamente.

Luego sacó el último documento.

Lo más importante.

Y colócalo por separado.

Sobre la mesa.

Delante de todos.

- Hay una pregunta más.

Anna cerró los ojos con cansancio.

- Dios…

- No.

El padre la miró fijamente.

— Es mejor no mencionar a Dios aquí.

Ella se estremeció.

Y entonces sucedió algo extraño.

Muy extraño.

El padre se volvió hacia Inés.

- Dígame, señorita...

Se enderezó nerviosamente.

- ¿Sí?

—¿Cuánto tiempo llevas saliendo con Julien?

Ella lo miró.

Sobre Julien.

Otra vez con él.

- Casi un año.

- Año.

Él asintió.

- Interesante.

Y abrió el último documento.