—¿Para qué? —soltó ella, cruel—. ¿Para meter a un carpintero endeudado en la vida de mis hijas?
Elías se quedó helado.
Camila caminó hacia su escritorio.
—Ellas tienen colegio privado, seguridad, médicos, futuro. Tú no puedes darles nada de eso.
—Podía darles un padre.
Camila lo miró como si esa palabra le molestara.
—No. Ahora vas a salir de aquí, vas a volver a tu vida y vas a fingir que esto nunca pasó.
Elías apretó los puños.
—No puedes borrarme.
Camila se acercó. Su voz bajó, afilada.
—Puedo hacerte la vida imposible, Elías. Y créeme, sé cómo hacerlo.
Entonces abrió un cajón y sacó una tarjeta de un despacho de abogados.
—Si vuelves a acercarte a mis hijas, no vas a volver a ver ni a tu propio hijo tranquilo.
Elías salió del edificio con el pecho ardiendo.
Pero lo más brutal todavía no había pasado.
Esa misma noche, al llegar a casa, encontró una camioneta negra estacionada frente a su taller.
Y sobre su mesa de trabajo había un sobre con una cifra escrita a mano:
2,000,000 de pesos.
PARTE 2
