—Mi papá lastimaba a mi mamá —dijo—. Cuando tomaba, ella nos escondía.
Esa noche mi mamá sangraba y me dijo que corriera con mis hermanitos.
Yo no quería irme sin ella, pero me dijo que si me quedaba, todos nos íbamos a morir.
Rogelio se levantó.
—¡Esa niña está manipulada!
La jueza golpeó la mesa.
—Si vuelve a interrumpir, lo retiro de la sala.
Lucía siguió, con la voz temblando.
—Mi mamá dijo que mi tío abriría la puerta. Y sí la abrió.
Alejandro bajó la mirada.
Nunca había sentido tanta vergüenza y tanto amor al mismo tiempo.
La jueza suspendió los derechos de Rogelio mientras avanzaba el proceso penal.
Alejandro obtuvo la tutela permanente de los 3 niños, con posibilidad de adopción.
Rogelio gritó cuando se lo llevaron.
—¡Son míos!
Alejandro abrazó a Lucía.
—No —dijo en voz baja—. Nunca lo fueron.
La casa de vidrio cambió después de eso.
